martes, 2 de enero de 2018

Aviso Oportuno

A toda la comunidad estudiantil, académica y de amigos personales en la zona, les tengo un grave anuncio que compartir…el profe está muy grave.

Me duele mucho tener que compartir con ustedes esta trágica noticia, pero como único testigo presencial de los hechos, y como amigo cercano (tal vez, sin querer ofender a ninguno de los lectores el más íntimo de todos), creo que es mi deber para con los años de compartir tantas vivencias, ponerles al tanto de lo sucedido.

Todo fue muy súbito, pero permítanme antes poner algo de orden en mi mente y contarles lo sucedido previamente, y puedan comprender y si es necesario juzgar lo que procede y deberíamos hacer en su honor. Temprano, en la víspera de año nuevo, me llamó como fraternalmente lo hace de tiempo en tiempo (como no dudo lo hace con todos ustedes) para conversar…más de uno debe entender que cuando quiere conversar, ciertamente más que querer, necesita poner sus pensamientos en alto, fuera de sí, para poder encontrar sentido por sí mismo. No me malentiendan, el aprecia infinitamente su compañía y opinión, y seguramente más de una ocasión, al acompañarlo, notaron que las respuestas ya estaban en él, y sólo requería escucharse en la voz de los demás…su formación terapéutica podrá serle útil, pero requiere ése servicio en sí mismo de vez en vez, y por ello no dudé en acompañarlo a una de esas caminatas discursivas que tanto ama por la playa, por el parque o por la calle…lejos del bullicio de la ciudad, y sobre todo, en la pública privacidad de un espacio abierto ( sus palabras, no mías…).

Eventualmente el tema llegó a los mismos tópicos clásicos: la música, el trabajo, la familia, el devenir y hasta el sentido de la existencia…e inevitablemente, al amor. Sabrán que por muy abierto y sencillo que sea, no es para él un tema en el que se sienta confiado para explayarse…a menos que hayan sido íntimos con él, dudo que muchos hayan siquiera llegado ahí, así que éste sería un buen momento para cuestionarse a sí mismos si desean continuar con la lectura; que el morbo quede fuera, pues lo que continúa, no es algo para los que no hayan compartido con él una que otra confidencia…

Como decía, caminábamos sin rumbo fijo cuando comencé a notar algo distinto en su andar; saben que suele tener una marcha si no bien apresurada, se percibe siempre en él cierta premura por llegar a quien sabe dónde, que no es ni apresurada ni espástica, pero está llena de energía; pues bien, pareciera que de pronto se agotara la entereza en sus pasos, como si él  mismo fuese a dejarse caer rodilla al suelo y comenzar a tomar bocanadas de aire. Y así, fue disminuyendo su andar, hasta que casi tuve que detenerme junto a él para observarlo bien. Entonces lo noté…

Saben que no es alguien ciertamente fuerte, pero quejumbroso al patetismo físico nunca lo ha sido; podría haber tenido un dolor contenido pero siempre avanzaba, creo que un par de veces lo he visto desfallecer, y miren que casi he estado en todos sus andares…de pronto, sin espavientos, sin manotazos, se detuvo súbito, y comenzó a respirar más duramente, como si cada respiro fuera un suspiro en reversa, que en vez de salir, entrara en su cuerpo. Poco a poco fue encorvándose y de pronto, lo vi caer de rodillas orientado hacia el lado izquierdo. Lo que a todas luces parecía un ataque, un infarto o un soplo al corazón, sin los signos previos…solamente cayó de lado izquierdo, con ambas manos alejándolo del suelo.

En pánico por lo repentino del suceso, me acerqué de rodillas junto a él, intentando reanimarlo, y de pronto, en una arcada violenta, dejó salir de su boca un líquido rosáceo, pero inexplicablemente con un aroma dulce, no acre o ácido, como suelen ser las regurgitaciones estomacales…parecía que el tipo vertía caramelo al piso… no fue una escena agradable, pues; pero carecía del asco violento que suele tener dicho acto. Era como ver que surgía de sus entrañas algo sumamente dulce, pero en un acto violento y tan dramático, que sólo ahora puedo esbozar alguna clase de coherencia. De ahí, todo fue una debacle…del violento espasmo estomacal comenzó la incapacidad de respirar con fluidez, los ojos vidriosos, como conteniendo lágrimas que simplemente no iban a brotar, la boca entreabierta como intentando nombrar algo o a alguien, algún vocablo incoherente para mí ( o para tal efecto, para cualquiera menos para quien lo pronuncia).

Entonces alguien, no sé de donde, alcanzó a llamar a los servicios, y cuando llegaron, el pobre ya había quedado inconsciente…inerte en el suelo, conmigo sosteniendo su cabeza en el regazo, en la posición de seguridad que algunas veces compartía con los que aprendimos en clase algo con él (nunca le ha gustado el mote de “sus alumnos”), intentando darle un poco de orden al pensamiento, manteniendo la poca cordura que estoy seguro, nadie pudiese contener ante lo acontecido. Siendo el único testigo y acompañante en el momento, subí con él a la ambulancia, y nos dirigimos al nosocomio más próximo…Lo saben, pues nunca fue alguien que tomara en serio su salud, o que se tomara la precaución de hacerse un chequeo de rutina…donar sangre fue lo más cercano que en su vida adulta hizo para saber que estaba “en buenas condiciones”, y por ello, optamos por llevarlo a mi servicio; omitiré por ahora su ubicación, hasta cerciorarme que quien realmente esté interesado de corazón en él y en su bienestar, puedan visitarle.

Después de las auscultaciones de rutina, y de restablecer su condición a algo menos que “delicado”, y con el total asombro de saber que le había pasado, decidí, contra todos sus deseos, tomar algunas precauciones extras, y correr con lo que la tecnología pudiera darnos para acertar en el diagnóstico…lo que continúa, muchos dirán que es una invención mía; confió en que sólo los que en verdad le conocen, puedan atestiguar como cierto lo que encontramos. Físicamente y en lo externo, el tipo parecía de lo más sano; por ello al hacer un análisis más detallado, fue que nos asombraron los detalles, lo menos evidente, al menos para ojos no entrenados como los míos. Al parecer, tenía, desde muchos años atrás,  mucho amor encerrado…

Durante años (y rompiendo con esto el voto de confianza que hizo en mí y en muchos), nuestro querido profe, a veces entrado en copas, en otras bañado en llanto, y en unas pocas con total certeza, murmuraba resignado que estaba pudriéndose de amor por dentro, y que necesitaba encontrar una manera menos ortodoxa para sacarlo…que ya no le bastaba la familia o los amigos, y que lo mucho que podría amar su trabajo, su música y a sus más cercanos, le era insuficiente…como si, de alguna manera, todo el amor que prodigaba causara un desfogue tal ,que su cuerpo seguía produciendo cantidades exacerbadas…y eventualmente, los signos no pueden ser menos que contundentes.

Al parecer, y como muchos ya habrán intuido ahora, la causa del síncope fue algo así como un episodio cardiaco; sólo que, no fue un ataque, ni una descarga, sino más bien algo así como una insuficiencia. Como si el órgano de pronto no pudiese contener más amor dentro, y decidiera entonces mandar la señal de paro a todo el cuerpo. Lo más evidente, fue la pérdida súbita de energía para continuar, no tener entereza para erguirse y seguir avanzando… ¿cuantas veces dijo él mismo que no sentía ganas para continuar? Finalmente sucedió… Luego, cuando vino el desfogue visceral, el líquido tenía pues que ser dulce. Todos sabemos que prefería lo dulce, y que el tipo tenía como costumbre detalles así con cualquiera, sea que lo merecieran o no… además de su afición por las azúcares, creo que en parte tenía que lanzar dulzura al exterior. Como si, al no encontrar a quien dedicarle tanta miel, se la hubiese tragado por años y años, y ahora, al darle cauce, se vertiera como una fuente violenta sobre el pavimento.

En el análisis detallado de las vías respiratorias, en primera instancia se encontraron en su nariz atorados un sinfín de suspiros que dio toda su vida por quien sabe cuántas mujeres; disculpen la aclaración, pero aquellos que en fechas más recientes lo conocen, o bien no han tenido más contacto con él, pensarán que era un tipo vano y fugaz…disculpen mi franqueza, pero entonces no saben nada de nuestro profe. Desde niño, y esto es algo que hablando con su madre pude saber, tuvo el reflejo de suspirar de anhelos; como aquella vez que viajando se encontró lejos de su amor de la primaria, y al desconocer su paradero, no tuvo más que suspirar por ella para seguir vivo…o con la que según él, “amo desde que vió”, pues siendo tan inhábil para la conquista, no tuvo más recurso que adorarla y procurar su bienestar a la distancia, aunque ella nunca pudo entenderlo, ni siquiera cuando le dedicara versos que, en su mente imberbe, ella no podría entender ni apreciar…pues bien, desde años habían ido a quedarse en sus narinas, y fueron debilitándole la capacidad respiratoria.

Pasando a la boca, el caso se tornó serio…los que le atendieron dicen que encontraron en su garganta varios “Te quiero“ a lo largo y ancho de su tráquea. Seguramente recuerdan que nunca tuvo una voz ciertamente potente, y que parecía no abrir bien la boca al hablar; no dudo que temiera que algún día, uno de esos te quiero fuera a salirse por ahí, como aquellas veces que, siendo yo el único testigo, lo pronunció claramente a alguien, sólo para encontrar risa y rechazo, o lo que siempre fue su tormento: el ser aceptado pero sólo como amigo. “Amigos tengo”, me decía, “pero querer….mi querer nadie lo quiere…”¿alguna vez lo comentó con ustedes? Sé que en su infancia le removieron las anginas, pero creo que en verdad, se le aglutinaron los te quiero desde niño. Y hablando de la cavidad bucal… esto se torna casi mórbido, pero no quise escatimar en su bienestar, y  exigí el más profundo análisis posible. En la punta de su lengua había restos de palabras de amor que, bajo microscopio, supimos se habían quedado muchos años apiladas ahí, hasta que tuvo que tragárselas…años más tarde, me dijo, encontró en la escritura casi espástica e ilegible que solía hacer con emoción pura, una forma de verterlas; de igual manera, no dudo que primero tuvo que sopesarlas en la lengua, y que la dentadura imperfecta que siempre tuvo fue provocada por la contención de versos añejos.

Y claro, dentro de los labios, raspando un poco, fueron desprendiéndose algunos besos que quiso dar, y que, al no encontrar a quien, los apretó entre dientes para sí mismo…Ahora que lo veo, muchos de nosotros pensábamos que estaba enojado siempre, porque se formaba en su comisura un cierto rictus rígido, que le hacía ver a veces duro, a veces enojado, a veces nostálgico…por supuesto, siempre reía, pero además de ser un acto de supervivencia, creo que a medida que relajaba o tensaba para contenerse tanto amor y tantas frases, se volvió un hábito el apretar la quijada y morderse los labios. En verdad que ver todo esto hasta ahora, me provoca cierta desazón y pesadumbre en el alma…pero me propuse informarles, y debo continuar, pues las horas pasan y no quiero Invertir más tiempo que el indispensable.

Los ojos no dieron mucho que dar; siempre dijo que preferiría quedarse ciego y no caer en la trampa visual del atractivo; sin embargo, descubrimos que una parte de su defecto visual congénito se fue agravando al contener el nervio ocular motriz para ver lo que no existía, y mantener las ilusiones mentales.  Por el contrario, sabemos todos que si de algo se preciaba era de tener buen oído; éste también fue sometido a prueba, y aún en ese estado tan débil, encontramos algo curioso: respondía a los estímulos auditivos con celeridad normal, pero en especial, a los sonidos que emanaban de su móvil, el que siempre se mantuvo ceñido a su cintura, o bien de algún otro que emitiera el sonido similar que había elegido para sus llamadas, mensajes y notificaciones… ¿de quién espera con tanta ansia un mensaje? Con años de convivencia, sé que estaba siempre dispuesto a contestar, pero parecía que la expectativa de una llamada o mensaje más recientemente, le hubiese exacerbado el síncope nervioso…

Del análisis detallado de su estructura nerviosa, ósea y muscular, hay material para rato, pero me dedicaré a lo más puntual posible. Siempre se quejó de dolores de espalda, ¿recuerdan? Bueno, creo haber encontrado algunas causas…además del evidente apesumbramiento que puede provocar en muchos el no sentirse querido, nuestro profe cargaba hacia la izquierda…los letrados en lo más básico de anatomía saben hacia dónde se orienta el corazón… Pero también en las radiografías notamos algo inusual; al parecer, había vestigios de un crecimiento inusual en lo que llamamos “las paletas”, y de niño su madre siempre dijo que lo notaba algo escuálido para su edad y estatura…con cierto dejo de mitología, parece ser que nuestro querido amigo advirtió algunas extremidades que iban a proseguir su curso en la espalda, y en los primeros años de vida decidió limarlas para que no crecieran…el dolor seguramente le empujó hacia el frente toda la vida; y ciertamente dijo que temía a las alturas no por el vértigo de la caída, sino porque le llamaba “el vacío, la incapacidad de querer salir volando y no lograrlo…”¿cómo pierde un niño tal ilusión a tan temprana edad, y con tal determinación?

Sus brazos también parecían tener cierta rigidez; como si todo el tiempo se esforzara por hacer corpóreo el aire que estaba entre ellos, sin lograr jamás atinar a cernirse sobre otra cosa que no fuese su propio tórax. Sus manos presentaban así mismo desgaste en los nudillos y sobre todo rigidez propia de quien empieza a padecer artritis desde joven. Sabemos que, aficionado a la música, aun sin saber nada de notación musical, solía dedicar sus ratos de ocio a interpretar, ya en el piano, ya guitarra en mano, alguna melodía armoniosa. Decía de la música que era “lo único femenino que nunca me ha abandonado”…pero también no dudo que el cerrar los puños de impotencia, o bien aferrarse mecánicamente a cualquier recuerdo, no soltarlos ni dejarlos ir, también fue reflejándose en sus manos.

Hacia el área lumbar descubrieron que los riñones estaba ciertamente obstruidos; además del evidente abuso de sodas y bebidas en polvo, no así de alcoholes que le hubiesen ayudado en los años posteriores, encontraron muchas frases que él recibió o bien, se apropió de muchas pretendidas que, estoy seguro, quiso filtrar para que no le dañaran; nunca fue adepto a hablar mal de quienes evidentemente no podían recibir su amor, y prefirió siempre quedarse con lo malo y compartir lo bueno…creo que, aunque le doliera, no quiso dejar ir aquello que alguna vez le dañó, para al menos, tener un triste recuerdo de aquello que le recordara que alguna vez sintió amor hacia alguien, y en honor a ellas, tenerlo como prenda de vida. Ya en la cadera, disculpen lo gráfico del asunto; pensábamos que tenía cierto daño en el coxis….sólo puedo atinar en decirles que la pasión carnal que contuvo para no parecer vulgar o aprovechado con quien fuese el amor en turno seguramente le causó un trauma y solidificación del área.

Hacia las piernas, en alguna ocasión supimos que tenía un acortamiento, como todos lo solemos tener; pero existe además algo que creo, pocos notamos. Nunca plantaba ambos pies en el suelo…existen dos explicaciones, ambas tan perturbadoras que sólo tras el análisis podemos hacer conjeturas vagas sobre cual fue más dañina para nuestro amigo. En primer lugar, al estar siempre soñando despierto y en el arrebato del enamoramiento, mantuvo siempre los pies “fuera de la tierra”, y dudo que alguien no haya advertido su carácter soñador y romántico en el sentido estricto de la palabra; pero llegando a los pies, y específicamente en las plantas de ellos, encontramos algo más terrorífico: incrustados a lo largo de ambas plantas, había muchos sueños que llevaba años pisando. Muchos eran de un tono rosáceo, y tenían años enterrados; otros, más bien recientes, se encontraban en la superficie, amontonados como una plantilla…los sueños que no tenía cómo compartir, lo que nunca comentó y que, simplemente, tuvo que pisar él mismo

Hasta ahora el análisis de su estado de salud y su constitución física debe darles alguna idea de lo mucho que físicamente fue agotando y desgastándole a lo largo de los años; ignoro en qué condiciones anímicas salía todos los días a la calle, y mucho menos de dónde encontraba fuerza para continuar día con día con la rutina casi militar y férrea que ostentaba. ¿Cómo es que ninguno de nosotros pudo darse cuenta, si no bien procurarle un poco de sosiego, un apoyo, un remanso de calma en nuestro hogar? Si alguno lo hizo, le pido a Dios les bendiga con mucho más, pues realmente le quiero y le aprecio como para no hacer tal petición al Supremo por ser verdaderos amigos para con el pobre profe. No siendo él mismo un hombre de fe, me siento extraño al asegurar que sólo Dios sabe quiénes deben cargar con tales penas en vida, y el tamaño de la recompensa que merecen recibir, en ésta vida o en la próxima…

Sería imposible dejar de lado lo que sucedió después. Como todo caso clínico de emergencia, alguna autoridad debía apersonarse, y siendo yo el único testigo presencial de los hechos, tuve que declarar. Ya enterados los familiares, y con su autorización y apoyo, pude incursionar en la inspección de sus aposentos y pertenencias, para buscar lo que las autoridades llamarían como la causa aparente de los hechos. No dudo que algunos de los presentes hayan asistido a alguna de las muchas reuniones íntimas que gustaba de celebrar; pero si hasta ahora no hemos podido atestiguar lo que éste hombre ha sentido en carne propia, espero no ofender a nadie si aseguro que nadie en verdad ha visto lo que su hogar dice de él.

Obviando los objetos cotidianos, hice fuerza de flaqueza para analizar concienzudamente los menesteres personales de mi querido amigo; sus discos, libros, instrumentos e incluso, algunos objetos y prendas personales. Mi interés por el bienestar de éste hombre, después de conocer a detalle lo que lleva dentro, no pudo más que crecer al encontrare en sus dominios. En su colección de discos, disímiles entre sí y en tantos géneros, encontré desgaste en pistas sonoras que tenían al mismo tiempo significados tan evidentes como obscuros, pero cada línea cargada de mucha emoción por algún  ser amado… ¿con cuántas de ellas se identificaba? ¿a quiénes les dedicaba cada una de ellas? En sus instrumentos se advertía el desgaste también, pero era más evidente el uso recurrente de acordes menores, ésos que Silvio Rodríguez indica son para las baladas de amor…el teclado aporreado no sólo tenía daño en notas concretas, sino que también se encontraba humedecido no por el sudor de las palmas…ustedes deben saber lo emotivo que parecía cuando interpretaba alguna pieza, pero creo que nadie le vio nunca sufrir por alcanzar a interpretarlo bien, sólo, en privado, frente a las teclas del dulce instrumento.

Su librero también es digno de recorrer; no sólo por las piezas de literatura que contiene. Algunos de ustedes seguramente tendrán ahora uno de los libros que solía compartir para que encontraran algo de lo que él creía podía ser de utilidad o al menos, un momento de ocio sano… no sólo encontré pasajes de interés, sino también líneas subrayadas, remarcadas o separadas en párrafos que, a la distancia, comprendo tenían para él el atisbo de una ilusión…muchos de ellos narran encuentros emotivos, líneas de cariño y escenarios en los que seguramente deseaba poder encontrarse con alguien que amaba, ama o amó en su momento…el olor a sal y la humedad en ellos no hacen más que remarcar la frase que en algunos de ellos imprimió con mucho anhelo: algún día…En su pieza encontré algunos libros e historietas más; me causa asombro y pena a la vez notar que seguía preparándose: títulos que versan sobre el autoconocimiento, el desarrollo personal, la espiritualidad y muchos temas más, así como una lista de propósitos y hasta la “carta de agradecimiento”, ésa que nos ha compartido a muchos como estrategia de superación, pegada en el espejo, sucia de haberse repasado con los dedos quien sabe cuántas veces, en la que puso al calce “No pierdas la fe”… en la lista visible, hasta se encuentra seguir aprendiendo algo nuevo cada día…el muy cabrón hasta quería aprender un idioma nuevo…no sé si su condición actual lo permita, pero no dudo en que pueda lograrlo algún día… En la carta, creo que todos intuyen ya que es lo que más anhela…le pido a Dios, como espero pidan todos ustedes, le conceda tal gracia en algún momento.

También en su ordenador y su móvil, con los que mantenía contacto con el exterior, encontré fotos de muchas personas; a algunas las reconozco de años, y a otras sé que tiene poco de llevarlas dentro, pero hay muchas piezas que tienen una conexión inequívoca: le recuerdan probablemente que en algún punto, alguien disfrutó su presencia y compañía, y no dudo que recurriera de vez en vez a ellas para inspirarse. En algún momento dijo que éstos eran sus “instrumentos de tortura favoritos”… aun así, había en su historial material de inspiración personal, listas de música melodiosa y energética, así como listas de consejos sobre relaciones…No pude soportar la tentación, y revisé sus libretas; ésas donde vertía en sus ratos libres su pensamiento…no diré más que es necesario que publique alguna vez, a su nombre o anónimamente, tantos versos y tanta prosa agitada y apasionada, llena de vida, con la que hacía planes de vivir pleno y feliz, junto a quien realmente le quiera por lo que es, y que convive con dolores recurrentes y mucha lástima y autoreproche. Entre esas líneas hay muchos planes y conceptos que sólo entre dos pueden llevarse a cabo, y que seguramente fueran a ir mermando su lucidez si no los hubiese plasmado, y dejado a un lado para continuar con la vida mundana, la vida laboral, de la que nunca se quejó por ejercer, pero de la que siempre aseveró “a mí sólo se me ha dado el trabajar…” ¿Intuyen como yo la melancolía en la frase? ¡Cuán lúgubre resuena ahora en mi memoria, viéndolo yacer en un estado tan delicado, en éstos momentos que escribo éstas líneas!

Por eso ahora, y sólo ahora, puedo revelarles mi intención: les pido no que vengan a verlo, pues solo yo conozco su  verdadera ubicación y paradero…no encuentro una labor más noble a la cual dedicar mis próximos días que la de tomar su lugar en la vida diaria, ser un portador de su legado y dejarle descansar por lo que sea necesario, mientras recupera su entereza y dedica su energía a sanarse. Sé que llegará el día en que va a resurgir y tomara digna posesión de lo que le corresponde, y reclamará nuevamente a quien pueda recibir su amor, si es que vuelve a producirse en su interior dicho sentimiento…no sé por cuánto deba reposar, pero entre tanto, he de tomar su lugar, usando sus modismos, frases y estilos, y dedicándome a continuar lo que hasta ahora ha hecho, pero sabiendo plenamente que no soy él, y velando por su propio bien. Es y ha sido tan noble conmigo, y le ha dado tanto sentido a lo que hago, que es lo menos que puedo hacer por ahora. Les suplico, que si desean saber de su estado, se dirijan a mí, pero que seré muy celoso de quienes pueden verlo de nuevo. Espero puedan comprender y ayudarme a lograr tal cometido, y que mi celo sólo puede ser comprendido desde el respeto, admiración y cariño que por él siento. Ha sido todo en mi vida, y es mi humilde forma de pagarle.

Muchos no van a reconocer el engaño; les pido discreción y secrecía, en pos del bienestar y la pronta recuperación de nuestro amigo…sé que en su momento, retornará a nuestras vidas y volverá a ser un ser pleno, quizá más pleno aun, y será partícipe de sus batallas, porque han honrado y cuidado de él en éste periodo tan oscuro que atraviesa. Y por supuesto, en el caso de que sepan de alguien que pueda comprender y sanar a nuestro buen profe, o quien lea esto sienta el llamado para cuidar su adolorida y maltratada alma, me acompañe ante él, para que me ayude a traerlo de vuelta a la vida, una vida que he de intentar continuar en plena fe de que existirá quien reciba y procure su amor, tal como él lo merece.

De antemano, mil gracias, y les deseo, como solía rematar en todas sus misivas

Éxito.
 




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