A toda la comunidad estudiantil,
académica y de amigos personales en la zona, les tengo un grave anuncio que
compartir…el profe está muy grave.
Me duele mucho tener que
compartir con ustedes esta trágica noticia, pero como único testigo presencial
de los hechos, y como amigo cercano (tal vez, sin querer ofender a ninguno de
los lectores el más íntimo de todos), creo que es mi deber para con los años de
compartir tantas vivencias, ponerles al tanto de lo sucedido.
Todo fue muy súbito, pero
permítanme antes poner algo de orden en mi mente y contarles lo sucedido
previamente, y puedan comprender y si es necesario juzgar lo que procede y
deberíamos hacer en su honor. Temprano, en la víspera de año nuevo, me llamó
como fraternalmente lo hace de tiempo en tiempo (como no dudo lo hace con todos
ustedes) para conversar…más de uno debe entender que cuando quiere conversar,
ciertamente más que querer, necesita poner sus pensamientos en alto, fuera de
sí, para poder encontrar sentido por sí mismo. No me malentiendan, el aprecia
infinitamente su compañía y opinión, y seguramente más de una ocasión, al
acompañarlo, notaron que las respuestas ya estaban en él, y sólo requería
escucharse en la voz de los demás…su formación terapéutica podrá serle útil,
pero requiere ése servicio en sí mismo de vez en vez, y por ello no dudé en
acompañarlo a una de esas caminatas discursivas que tanto ama por la playa, por
el parque o por la calle…lejos del bullicio de la ciudad, y sobre todo, en la
pública privacidad de un espacio abierto ( sus palabras, no mías…).
Eventualmente el tema llegó a los
mismos tópicos clásicos: la música, el trabajo, la familia, el devenir y hasta
el sentido de la existencia…e inevitablemente, al amor. Sabrán que por muy
abierto y sencillo que sea, no es para él un tema en el que se sienta confiado
para explayarse…a menos que hayan sido íntimos con él, dudo que muchos hayan
siquiera llegado ahí, así que éste sería un buen momento para cuestionarse a sí
mismos si desean continuar con la lectura; que el morbo quede fuera, pues lo
que continúa, no es algo para los que no hayan compartido con él una que otra
confidencia…
Como decía, caminábamos sin rumbo
fijo cuando comencé a notar algo distinto en su andar; saben que suele tener
una marcha si no bien apresurada, se percibe siempre en él cierta premura por
llegar a quien sabe dónde, que no es ni apresurada ni espástica, pero está
llena de energía; pues bien, pareciera que de pronto se agotara la entereza en
sus pasos, como si él mismo fuese a
dejarse caer rodilla al suelo y comenzar a tomar bocanadas de aire. Y así, fue
disminuyendo su andar, hasta que casi tuve que detenerme junto a él para
observarlo bien. Entonces lo noté…
Saben que no es alguien
ciertamente fuerte, pero quejumbroso al patetismo físico nunca lo ha sido;
podría haber tenido un dolor contenido pero siempre avanzaba, creo que un par
de veces lo he visto desfallecer, y miren que casi he estado en todos sus
andares…de pronto, sin espavientos, sin manotazos, se detuvo súbito, y comenzó
a respirar más duramente, como si cada respiro fuera un suspiro en reversa, que
en vez de salir, entrara en su cuerpo. Poco a poco fue encorvándose y de
pronto, lo vi caer de rodillas orientado hacia el lado izquierdo. Lo que a
todas luces parecía un ataque, un infarto o un soplo al corazón, sin los signos
previos…solamente cayó de lado izquierdo, con ambas manos alejándolo del suelo.
En pánico por lo repentino del
suceso, me acerqué de rodillas junto a él, intentando reanimarlo, y de pronto,
en una arcada violenta, dejó salir de su boca un líquido rosáceo, pero
inexplicablemente con un aroma dulce, no acre o ácido, como suelen ser las
regurgitaciones estomacales…parecía que el tipo vertía caramelo al piso… no fue
una escena agradable, pues; pero carecía del asco violento que suele tener
dicho acto. Era como ver que surgía de sus entrañas algo sumamente dulce, pero
en un acto violento y tan dramático, que sólo ahora puedo esbozar alguna clase
de coherencia. De ahí, todo fue una debacle…del violento espasmo estomacal
comenzó la incapacidad de respirar con fluidez, los ojos vidriosos, como
conteniendo lágrimas que simplemente no iban a brotar, la boca entreabierta
como intentando nombrar algo o a alguien, algún vocablo incoherente para mí ( o
para tal efecto, para cualquiera menos para quien lo pronuncia).
Entonces alguien, no sé de donde,
alcanzó a llamar a los servicios, y cuando llegaron, el pobre ya había quedado
inconsciente…inerte en el suelo, conmigo sosteniendo su cabeza en el regazo, en
la posición de seguridad que algunas veces compartía con los que aprendimos en
clase algo con él (nunca le ha gustado el mote de “sus alumnos”), intentando
darle un poco de orden al pensamiento, manteniendo la poca cordura que estoy
seguro, nadie pudiese contener ante lo acontecido. Siendo el único testigo y
acompañante en el momento, subí con él a la ambulancia, y nos dirigimos al
nosocomio más próximo…Lo saben, pues nunca fue alguien que tomara en serio su
salud, o que se tomara la precaución de hacerse un chequeo de rutina…donar
sangre fue lo más cercano que en su vida adulta hizo para saber que estaba “en
buenas condiciones”, y por ello, optamos por llevarlo a mi servicio; omitiré
por ahora su ubicación, hasta cerciorarme que quien realmente esté interesado de
corazón en él y en su bienestar, puedan visitarle.
Después de las auscultaciones de
rutina, y de restablecer su condición a algo menos que “delicado”, y con el
total asombro de saber que le había pasado, decidí, contra todos sus deseos,
tomar algunas precauciones extras, y correr con lo que la tecnología pudiera
darnos para acertar en el diagnóstico…lo que continúa, muchos dirán que es una
invención mía; confió en que sólo los que en verdad le conocen, puedan
atestiguar como cierto lo que encontramos. Físicamente y en lo externo, el tipo
parecía de lo más sano; por ello al hacer un análisis más detallado, fue que
nos asombraron los detalles, lo menos evidente, al menos para ojos no
entrenados como los míos. Al parecer, tenía, desde muchos años atrás, mucho amor encerrado…
Durante años (y rompiendo con
esto el voto de confianza que hizo en mí y en muchos), nuestro querido profe, a
veces entrado en copas, en otras bañado en llanto, y en unas pocas con total
certeza, murmuraba resignado que estaba pudriéndose de amor por dentro, y que
necesitaba encontrar una manera menos ortodoxa para sacarlo…que ya no le
bastaba la familia o los amigos, y que lo mucho que podría amar su trabajo, su
música y a sus más cercanos, le era insuficiente…como si, de alguna manera,
todo el amor que prodigaba causara un desfogue tal ,que su cuerpo seguía
produciendo cantidades exacerbadas…y eventualmente, los signos no pueden ser
menos que contundentes.
Al parecer, y como muchos ya
habrán intuido ahora, la causa del síncope fue algo así como un episodio
cardiaco; sólo que, no fue un ataque, ni una descarga, sino más bien algo así
como una insuficiencia. Como si el órgano de pronto no pudiese contener más
amor dentro, y decidiera entonces mandar la señal de paro a todo el cuerpo. Lo
más evidente, fue la pérdida súbita de energía para continuar, no tener
entereza para erguirse y seguir avanzando… ¿cuantas veces dijo él mismo que no
sentía ganas para continuar? Finalmente sucedió… Luego, cuando vino el desfogue
visceral, el líquido tenía pues que ser dulce. Todos sabemos que prefería lo
dulce, y que el tipo tenía como costumbre detalles así con cualquiera, sea que
lo merecieran o no… además de su afición por las azúcares, creo que en parte
tenía que lanzar dulzura al exterior. Como si, al no encontrar a quien
dedicarle tanta miel, se la hubiese tragado por años y años, y ahora, al darle
cauce, se vertiera como una fuente violenta sobre el pavimento.
En el análisis detallado de las
vías respiratorias, en primera instancia se encontraron en su nariz atorados un
sinfín de suspiros que dio toda su vida por quien sabe cuántas mujeres;
disculpen la aclaración, pero aquellos que en fechas más recientes lo conocen,
o bien no han tenido más contacto con él, pensarán que era un tipo vano y
fugaz…disculpen mi franqueza, pero entonces no saben nada de nuestro profe.
Desde niño, y esto es algo que hablando con su madre pude saber, tuvo el
reflejo de suspirar de anhelos; como aquella vez que viajando se encontró lejos
de su amor de la primaria, y al desconocer su paradero, no tuvo más que
suspirar por ella para seguir vivo…o con la que según él, “amo desde que vió”,
pues siendo tan inhábil para la conquista, no tuvo más recurso que adorarla y
procurar su bienestar a la distancia, aunque ella nunca pudo entenderlo, ni
siquiera cuando le dedicara versos que, en su mente imberbe, ella no podría
entender ni apreciar…pues bien, desde años habían ido a quedarse en sus
narinas, y fueron debilitándole la capacidad respiratoria.
Pasando a la boca, el caso se
tornó serio…los que le atendieron dicen que encontraron en su garganta varios
“Te quiero“ a lo largo y ancho de su tráquea. Seguramente recuerdan que nunca
tuvo una voz ciertamente potente, y que parecía no abrir bien la boca al
hablar; no dudo que temiera que algún día, uno de esos te quiero fuera a
salirse por ahí, como aquellas veces que, siendo yo el único testigo, lo
pronunció claramente a alguien, sólo para encontrar risa y rechazo, o lo que
siempre fue su tormento: el ser aceptado pero sólo como amigo. “Amigos tengo”,
me decía, “pero querer….mi querer nadie lo quiere…”¿alguna vez lo comentó con
ustedes? Sé que en su infancia le removieron las anginas, pero creo que en
verdad, se le aglutinaron los te quiero desde niño. Y hablando de la cavidad bucal…
esto se torna casi mórbido, pero no quise escatimar en su bienestar, y exigí el más profundo análisis posible. En la
punta de su lengua había restos de palabras de amor que, bajo microscopio,
supimos se habían quedado muchos años apiladas ahí, hasta que tuvo que
tragárselas…años más tarde, me dijo, encontró en la escritura casi espástica e
ilegible que solía hacer con emoción pura, una forma de verterlas; de igual
manera, no dudo que primero tuvo que sopesarlas en la lengua, y que la
dentadura imperfecta que siempre tuvo fue provocada por la contención de versos
añejos.
Y claro, dentro de los labios,
raspando un poco, fueron desprendiéndose algunos besos que quiso dar, y que, al
no encontrar a quien, los apretó entre dientes para sí mismo…Ahora que lo veo,
muchos de nosotros pensábamos que estaba enojado siempre, porque se formaba en
su comisura un cierto rictus rígido, que le hacía ver a veces duro, a veces
enojado, a veces nostálgico…por supuesto, siempre reía, pero además de ser un
acto de supervivencia, creo que a medida que relajaba o tensaba para contenerse
tanto amor y tantas frases, se volvió un hábito el apretar la quijada y
morderse los labios. En verdad que ver todo esto hasta ahora, me provoca cierta
desazón y pesadumbre en el alma…pero me propuse informarles, y debo continuar,
pues las horas pasan y no quiero Invertir más tiempo que el indispensable.
Los ojos no dieron mucho que dar;
siempre dijo que preferiría quedarse ciego y no caer en la trampa visual del
atractivo; sin embargo, descubrimos que una parte de su defecto visual
congénito se fue agravando al contener el nervio ocular motriz para ver lo que
no existía, y mantener las ilusiones mentales. Por el contrario, sabemos todos que si de algo
se preciaba era de tener buen oído; éste también fue sometido a prueba, y aún
en ese estado tan débil, encontramos algo curioso: respondía a los estímulos auditivos
con celeridad normal, pero en especial, a los sonidos que emanaban de su móvil,
el que siempre se mantuvo ceñido a su cintura, o bien de algún otro que
emitiera el sonido similar que había elegido para sus llamadas, mensajes y notificaciones…
¿de quién espera con tanta ansia un mensaje? Con años de convivencia, sé que
estaba siempre dispuesto a contestar, pero parecía que la expectativa de una
llamada o mensaje más recientemente, le hubiese exacerbado el síncope nervioso…
Del análisis detallado de su
estructura nerviosa, ósea y muscular, hay material para rato, pero me dedicaré
a lo más puntual posible. Siempre se quejó de dolores de espalda, ¿recuerdan?
Bueno, creo haber encontrado algunas causas…además del evidente apesumbramiento
que puede provocar en muchos el no sentirse querido, nuestro profe cargaba
hacia la izquierda…los letrados en lo más básico de anatomía saben hacia dónde
se orienta el corazón… Pero también en las radiografías notamos algo inusual;
al parecer, había vestigios de un crecimiento inusual en lo que llamamos “las
paletas”, y de niño su madre siempre dijo que lo notaba algo escuálido para su
edad y estatura…con cierto dejo de mitología, parece ser que nuestro querido
amigo advirtió algunas extremidades que iban a proseguir su curso en la
espalda, y en los primeros años de vida decidió limarlas para que no
crecieran…el dolor seguramente le empujó hacia el frente toda la vida; y ciertamente
dijo que temía a las alturas no por el vértigo de la caída, sino porque le llamaba
“el vacío, la incapacidad de querer salir volando y no lograrlo…”¿cómo pierde
un niño tal ilusión a tan temprana edad, y con tal determinación?
Sus brazos también parecían tener
cierta rigidez; como si todo el tiempo se esforzara por hacer corpóreo el aire
que estaba entre ellos, sin lograr jamás atinar a cernirse sobre otra cosa que
no fuese su propio tórax. Sus manos presentaban así mismo desgaste en los
nudillos y sobre todo rigidez propia de quien empieza a padecer artritis desde
joven. Sabemos que, aficionado a la música, aun sin saber nada de notación
musical, solía dedicar sus ratos de ocio a interpretar, ya en el piano, ya
guitarra en mano, alguna melodía armoniosa. Decía de la música que era “lo
único femenino que nunca me ha abandonado”…pero también no dudo que el cerrar
los puños de impotencia, o bien aferrarse mecánicamente a cualquier recuerdo,
no soltarlos ni dejarlos ir, también fue reflejándose en sus manos.
Hacia el área lumbar descubrieron
que los riñones estaba ciertamente obstruidos; además del evidente abuso de
sodas y bebidas en polvo, no así de alcoholes que le hubiesen ayudado en los
años posteriores, encontraron muchas frases que él recibió o bien, se apropió
de muchas pretendidas que, estoy seguro, quiso filtrar para que no le dañaran;
nunca fue adepto a hablar mal de quienes evidentemente no podían recibir su
amor, y prefirió siempre quedarse con lo malo y compartir lo bueno…creo que,
aunque le doliera, no quiso dejar ir aquello que alguna vez le dañó, para al
menos, tener un triste recuerdo de aquello que le recordara que alguna vez
sintió amor hacia alguien, y en honor a ellas, tenerlo como prenda de vida. Ya
en la cadera, disculpen lo gráfico del asunto; pensábamos que tenía cierto daño
en el coxis….sólo puedo atinar en decirles que la pasión carnal que contuvo
para no parecer vulgar o aprovechado con quien fuese el amor en turno
seguramente le causó un trauma y solidificación del área.
Hacia las piernas, en alguna
ocasión supimos que tenía un acortamiento, como todos lo solemos tener; pero
existe además algo que creo, pocos notamos. Nunca plantaba ambos pies en el
suelo…existen dos explicaciones, ambas tan perturbadoras que sólo tras el
análisis podemos hacer conjeturas vagas sobre cual fue más dañina para nuestro
amigo. En primer lugar, al estar siempre soñando despierto y en el arrebato del
enamoramiento, mantuvo siempre los pies “fuera de la tierra”, y dudo que
alguien no haya advertido su carácter soñador y romántico en el sentido
estricto de la palabra; pero llegando a los pies, y específicamente en las
plantas de ellos, encontramos algo más terrorífico: incrustados a lo largo de
ambas plantas, había muchos sueños que llevaba años pisando. Muchos eran de un
tono rosáceo, y tenían años enterrados; otros, más bien recientes, se
encontraban en la superficie, amontonados como una plantilla…los sueños que no
tenía cómo compartir, lo que nunca comentó y que, simplemente, tuvo que pisar
él mismo
Hasta ahora el análisis de su
estado de salud y su constitución física debe darles alguna idea de lo mucho
que físicamente fue agotando y desgastándole a lo largo de los años; ignoro en
qué condiciones anímicas salía todos los días a la calle, y mucho menos de
dónde encontraba fuerza para continuar día con día con la rutina casi militar y
férrea que ostentaba. ¿Cómo es que ninguno de nosotros pudo darse cuenta, si no
bien procurarle un poco de sosiego, un apoyo, un remanso de calma en nuestro
hogar? Si alguno lo hizo, le pido a Dios les bendiga con mucho más, pues
realmente le quiero y le aprecio como para no hacer tal petición al Supremo por
ser verdaderos amigos para con el pobre profe. No siendo él mismo un hombre de
fe, me siento extraño al asegurar que sólo Dios sabe quiénes deben cargar con
tales penas en vida, y el tamaño de la recompensa que merecen recibir, en ésta
vida o en la próxima…
Sería imposible dejar de lado lo
que sucedió después. Como todo caso clínico de emergencia, alguna autoridad
debía apersonarse, y siendo yo el único testigo presencial de los hechos, tuve
que declarar. Ya enterados los familiares, y con su autorización y apoyo, pude
incursionar en la inspección de sus aposentos y pertenencias, para buscar lo
que las autoridades llamarían como la causa aparente de los hechos. No dudo que
algunos de los presentes hayan asistido a alguna de las muchas reuniones
íntimas que gustaba de celebrar; pero si hasta ahora no hemos podido atestiguar
lo que éste hombre ha sentido en carne propia, espero no ofender a nadie si
aseguro que nadie en verdad ha visto lo que su hogar dice de él.
Obviando los objetos cotidianos,
hice fuerza de flaqueza para analizar concienzudamente los menesteres
personales de mi querido amigo; sus discos, libros, instrumentos e incluso,
algunos objetos y prendas personales. Mi interés por el bienestar de éste
hombre, después de conocer a detalle lo que lleva dentro, no pudo más que
crecer al encontrare en sus dominios. En su colección de discos, disímiles
entre sí y en tantos géneros, encontré desgaste en pistas sonoras que tenían al
mismo tiempo significados tan evidentes como obscuros, pero cada línea cargada
de mucha emoción por algún ser amado…
¿con cuántas de ellas se identificaba? ¿a quiénes les dedicaba cada una de
ellas? En sus instrumentos se advertía el desgaste también, pero era más
evidente el uso recurrente de acordes menores, ésos que Silvio Rodríguez indica
son para las baladas de amor…el teclado aporreado no sólo tenía daño en notas
concretas, sino que también se encontraba humedecido no por el sudor de las
palmas…ustedes deben saber lo emotivo que parecía cuando interpretaba alguna
pieza, pero creo que nadie le vio nunca sufrir por alcanzar a interpretarlo
bien, sólo, en privado, frente a las teclas del dulce instrumento.
Su librero también es digno de
recorrer; no sólo por las piezas de literatura que contiene. Algunos de ustedes
seguramente tendrán ahora uno de los libros que solía compartir para que
encontraran algo de lo que él creía podía ser de utilidad o al menos, un
momento de ocio sano… no sólo encontré pasajes de interés, sino también líneas
subrayadas, remarcadas o separadas en párrafos que, a la distancia, comprendo
tenían para él el atisbo de una ilusión…muchos de ellos narran encuentros
emotivos, líneas de cariño y escenarios en los que seguramente deseaba poder
encontrarse con alguien que amaba, ama o amó en su momento…el olor a sal y la
humedad en ellos no hacen más que remarcar la frase que en algunos de ellos
imprimió con mucho anhelo: algún día…En su pieza encontré algunos
libros e historietas más; me causa asombro y pena a la vez notar que seguía
preparándose: títulos que versan sobre el autoconocimiento, el desarrollo
personal, la espiritualidad y muchos temas más, así como una lista de
propósitos y hasta la “carta de agradecimiento”, ésa que nos ha compartido a
muchos como estrategia de superación, pegada en el espejo, sucia de haberse repasado
con los dedos quien sabe cuántas veces, en la que puso al calce “No pierdas la
fe”… en la lista visible, hasta se encuentra seguir aprendiendo algo nuevo cada
día…el muy cabrón hasta quería aprender un idioma nuevo…no sé si su condición
actual lo permita, pero no dudo en que pueda lograrlo algún día… En la carta,
creo que todos intuyen ya que es lo que más anhela…le pido a Dios, como espero
pidan todos ustedes, le conceda tal gracia en algún momento.
También en su ordenador y su
móvil, con los que mantenía contacto con el exterior, encontré fotos de muchas
personas; a algunas las reconozco de años, y a otras sé que tiene poco de
llevarlas dentro, pero hay muchas piezas que tienen una conexión inequívoca: le
recuerdan probablemente que en algún punto, alguien disfrutó su presencia y compañía,
y no dudo que recurriera de vez en vez a ellas para inspirarse. En algún momento
dijo que éstos eran sus “instrumentos de tortura favoritos”… aun así, había en
su historial material de inspiración personal, listas de música melodiosa y
energética, así como listas de consejos sobre relaciones…No pude soportar la tentación, y
revisé sus libretas; ésas donde vertía en sus ratos libres su pensamiento…no
diré más que es necesario que publique alguna vez, a su nombre o anónimamente,
tantos versos y tanta prosa agitada y apasionada, llena de vida, con la que
hacía planes de vivir pleno y feliz, junto a quien realmente le quiera por lo
que es, y que convive con dolores recurrentes y mucha lástima y autoreproche.
Entre esas líneas hay muchos planes y conceptos que sólo entre dos pueden
llevarse a cabo, y que seguramente fueran a ir mermando su lucidez si no los
hubiese plasmado, y dejado a un lado para continuar con la vida mundana, la
vida laboral, de la que nunca se quejó por ejercer, pero de la que siempre
aseveró “a mí sólo se me ha dado el trabajar…” ¿Intuyen como yo la melancolía
en la frase? ¡Cuán lúgubre resuena ahora en mi memoria, viéndolo yacer en un
estado tan delicado, en éstos momentos que escribo éstas líneas!
Por eso ahora, y sólo ahora,
puedo revelarles mi intención: les pido no que vengan a verlo, pues solo yo
conozco su verdadera ubicación y
paradero…no encuentro una labor más noble a la cual dedicar mis próximos días
que la de tomar su lugar en la vida diaria, ser un portador de su legado y
dejarle descansar por lo que sea necesario, mientras recupera su entereza y
dedica su energía a sanarse. Sé que llegará el día en que va a resurgir y
tomara digna posesión de lo que le corresponde, y reclamará nuevamente a quien
pueda recibir su amor, si es que vuelve a producirse en su interior dicho
sentimiento…no sé por cuánto deba reposar, pero entre tanto, he de tomar su
lugar, usando sus modismos, frases y estilos, y dedicándome a continuar lo que
hasta ahora ha hecho, pero sabiendo plenamente que no soy él, y velando por su
propio bien. Es y ha sido tan noble conmigo, y le ha dado tanto sentido a lo
que hago, que es lo menos que puedo hacer por ahora. Les suplico, que si desean
saber de su estado, se dirijan a mí, pero que seré muy celoso de quienes pueden
verlo de nuevo. Espero puedan comprender y ayudarme a lograr tal cometido, y
que mi celo sólo puede ser comprendido desde el respeto, admiración y cariño
que por él siento. Ha sido todo en mi vida, y es mi humilde forma de pagarle.
Muchos no van a reconocer el
engaño; les pido discreción y secrecía, en pos del bienestar y la pronta
recuperación de nuestro amigo…sé que en su momento, retornará a nuestras vidas
y volverá a ser un ser pleno, quizá más pleno aun, y será partícipe de sus
batallas, porque han honrado y cuidado de él en éste periodo tan oscuro que
atraviesa. Y por supuesto, en el caso de que sepan de alguien que pueda
comprender y sanar a nuestro buen profe, o quien lea esto sienta el llamado
para cuidar su adolorida y maltratada alma, me acompañe ante él, para que me
ayude a traerlo de vuelta a la vida, una vida que he de intentar continuar en
plena fe de que existirá quien reciba y procure su amor, tal como él lo merece.
De antemano, mil gracias, y les
deseo, como solía rematar en todas sus misivas
Éxito.
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